Gaia es el nombre que los antiguos europeos le daban a la Diosa Tierra y era, como otras deidades femeninas de la antigüedad, cariñosa, pero cruel y despiadada con quienes no vivían en armonía con la naturaleza.
El ambientalista James Lovelock usa este mito para explicar la causa de todos los desequilibrios climáticos, afecciones y enfermedades de la tierra en su conocida "Hipotesis Gaia". Este autor afirmaba que “No nos preocupemos de salvar la Tierra, sino por salvarnos a nosotros mismos; pues cuando la Tierra se canse de nuestra afrenta (estupidez e ignorancia), se liberará de nosotros”. Con esto concluye que cualquier especie que afecte negativamente al medio, a la larga será expulsada del sistema.
Pero Lovelock no ha sido el unico relacionar la civilización y la naturaleza; sin duda alguna este es un modelo usado desde cientos y cientos de años por los pueblos originarios de America, y en especial los de cultura andina.
La hipótesis central de dichas culturas plantea que los nacidos aquí (originarios o no) somos hijos de esta tierra y por lo tanto parte de ella; por lo tanto hacer daño a la tierra es hacernos daño a nosotros mismos; y matar a la tierra, representaria ni mas ni menos que un suicidio.
A esta, le hemos llamado “hipótesis Pachama” y ni mas ni menos significa que la evolución de los organismos vivos esta estrechamente ligada al medio físico con lo que forman un único proceso evolutivo. Evidentemente los tiempos de la naturalez no son los tiempos del mercado o al menos no del mercado Neoliberal, las comunidades originarias han sido las primeras en advertirlo.
La conclusión por ellas sacada en sus primeros congresos fue que la humanidad está rompiendo el equilibrio ecológico y que, de seguir así, se llegaría a un límite en cien años, por lo que sus efectos pueden ser irreparables.
El ritmo alarmante al que se está despojando la superficie de la Tierra indica que muy pronto ya no tendremos árboles que talar para el desarrollo humano. La idea de lo insostenible de un continuo e infinito crecimiento es reciente y a ha constituido una sorpresa para la mayoría.
Antes existía una visión en que la naturaleza era prácticamente ilimitada y se podía centrar la atención en nuestras necesidades sin preocuparse por las consecuencias ambientales.
Lamentablemente podemos ver como a pesar de las llamadas de atención de científicos y grupos ecologistas, el egoísmo inteligente sigue gobernando el modo de actuar y la relación con la naturaleza. Se hace necesario un cambio de mentalidad y un cambio de paradigma, que sea capaz de enfrentar la situación de emergencia planetaria actual.
De aquí surge uno de los numerosos conceptos de desarrollo sustentable y sostenible. La CMMAD lo define como “…el desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.
Es necesario comprender que después de un modelo económico apoyado en el crecimiento a ultranza, el paradigma de economía social ecológica que se vislumbra, plantea la sostenibilidad de un desarrollo sin crecimiento, ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global.
Desde esta perspectiva, es el crecimiento lo que no puede continuar indefinidamente en un mundo finito, pero sí es posible el desarrollo. Es importante diferenciar y destacar que por ningun motivo son sinónimos el desarrollo sostenible y el crecimiento sostenido.
En este sentido el concepto de sostenibilidad social involucra una solidaridad intrageneracional, en términos de justicia distributiva y una solidaridad intergeneracional (con las futuras generaciones). La tremenda situación de inequidad e injusticia existente, que se expresa en las tremendas diferencias que se dan en la actualidad entre quienes viven en un mundo de opulencia y quienes lo hacen en la mayor miseria.
Sin duda alguna este modelo económico está guiado por las presiones de ciertos intereses, para la obtención de beneficios a corto plazo (nuestra estimada y bienamada soja por ejemplo) sin tener en cuenta sus repercusiones. Asociados a estos desequilibrios existen distintas formas de conflictos y violencia: violencia de clase, violencia intercultural, violencia de las organizaciones mafiosas que trafican con armas, drogas y personas, violencias de empresas que imponen condiciones de explotación destructoras de personas y medio físico. El caso de Benetton y los Mapuches en el sur, o el caso de “Chapelco” son el vivo ejemplo de todas estas violencias en un solo lugar, ya que en esta globalización tan abierta, todo aquello que moleste al mercado debe ser aplastado y reducido sin dejar rastro alguno; el criterio para la aceptabilidad de una cultura es su capacidad de “adaptación” es decir su mercantilización ni mas ni menos.
La segunda mitad del siglo XX ha conocido un crecimiento económico global sin precedentes. Se trata de un crecimiento exponencial, acelerado.
Nadie parece asumir la responsabilidad del futuro, ya que la gente carece de información objetiva. Los hombres de negocios deben responder a su salud financiera en revisiones trimestrales.
La situación actual es que los 20 países más ricos del mundo han consumido en este siglo mas naturaleza, es decir, mas materia prima y energía, que toda la humanidad a lo largo de la historia y la prehistoria. En 50 años el numero de automóviles y el consumo de cemento per capita para la construccion se ha cuadruplicado, y asi y todo cadia son mas y mas los sin techo. El uso de plástico por persona se ha multiplicado por cinco, los viajes por avión por siete. Si contrastamos el estilo de vida del hiperconsumo con los otros que no tienen casi nada, viviendo en la calle, sin agua potable, al día, en la extrema pobreza, nos damos cuenta que algo anda mal en el modo en que los humanos nos interrelacionamos con los otros y lo otro, como lo es la naturaleza y nuestro entorno. El hiperconsumo al que apunta el sistema, es insostenible en términos ambientales.
En el primer mundo consumen entre el 50 y el 90% de los recursos de la tierra y generan las dos terceras partes de las emisiones de dióxido de carbono. Sus fabricas y vehículos originan la mayoría de los desperdicios tóxicos del mundo, las tres cuartas partes de los óxidos que causan la lluvia ácida, sus centrales nucleares mas del 95% de los residuos radiactivos del mundo.
Un habitante de estos países consume tres veces mas agua, diez veces mas cantidad de energía, por ejemplo, que uno de un país pobre. El elevado consumo se traduce en consecuencias gravísimas para el medio ambiente de todos, incluidos el de los países más pobres que apenas consumen.
En la actualidad existe una absurda presión para estimular el consumo, lo que se traduce en una publicidad agresiva que se dedica a crear necesidades o a estimular modas efímeras, reduciendo la durabilidad de los productos. El paradigma de confort es el del producto desechable que lanzamos despreocupadamente. Supuestamente esta nueva globalización ,que lleva como estandarte dicho paradigma, debia producir integración y la desaparición de las fronteras; sin embargo para los pobres las fronteras se han multiplicado. Aunque en 1989 cierto pais del norte festejo la caida de un gran muro, resulta que ahora florecen mas muros que nunca! Y si no diganselo a Mexico o a Palestina.
La cultura del “mas es mejor” se sustenta en su propia inercia y en la extrema dificultad por escapar de ella, pero tiene mas de condena que de promesa. La satisfacción inmediata que produce el consumo es adictiva, pero es incapaz de ocultar sus efectos de frustración duradera, su incapacidad para incrementar la satisfacción.
Mientras para los consumidores descontrolados, es necesario consumir menos, para mas de 1.000 millones de las personas más pobres del mundo aumentar su consumo es una cuestión de vida o muerte y un derecho básico.
Naturalmente que cierto tipo de consumo debe reducirse, pero son mas las cosas a las que no podemos renunciar tan fácilmente: Educación, vivienda y nutrición adecuada, cultura. La importancia de ejercer un consumo más responsable alejado de la publicidad agresiva y engañosa que nos va empujando a adquirir productos inútiles representaria un gran impacto; pero claro esta que aunque todo esto es necesario no es suficiente.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recuerda que “la pobreza afecta en mayor medida a las mujeres”, lo que se relaciona con “su desigualdad en cuanto al acceso a la educación, a los recursos productivos y al control de bienes, así como, en ocasiones, a la desigualdad de derechos en el seno de la familia y de la sociedad”. Como explica el PNUD, “la pobreza no se define exclusivamente en términos económicos... también significa malnutrición, reducción de la esperanza de vida, falta de acceso a agua potable y condiciones de salubridad, enfermedades, analfabetismo, imposibilidad de acceder a la escuela, a la cultura, a la asistencia sanitaria, al crédito o a ciertos bienes”.
Estamos frente a una situación de una pobreza que coexiste con una riqueza extrema. Si analizamos la situación de distribución de la riqueza en el planeta, nos damos cuenta que para ambos lados existe un crecimiento exponencial.
El Banco Mundial señala que se han duplicado las diferencias entre los 20 países más ricos y los 20 países más pobres. Entonces, como bien ya vimos, tanto la extrema pobreza como la extrema riqueza son perjudiciales para el cuidado del medio ambiente.
Los primeros viviendo bajo el nivel mínimo de consumo, deben recurrir a estrategias de sobrevivencia reñidas con el cuidado de la naturaleza, como por ejemplo la recolección excesiva de leña para cocinar, con la consiguiente deforestación. Los segundos con sus acciones de hiperconsumo destruyen los equilibrios naturales mediante la sobreexplotación de los recursos naturales.
Si consideramos que el gasto militar mundial es de 780.000, con el 5% de este se cubrirían todos los gastos imprescindibles que hemos enumerado. Tal parece que conseguir un mínimo de calidad de vida para todos los habitantes del planeta no es un problema de dinero, sino más bien de falta de conciencia y voluntad. El mantenimiento de la situación extrema pobreza en la que viven tantos millones de seres humanos es un acto de violencia.
Frente a la situación de degradación planetaria, en aumento, pueden surgir dos formas contrapuestas de inmovilismo: la de quienes creen que aquí no pasa nada, que ya iremos resolviendo los problemas, “como siempre ha ocurrido”... y la de quienes creen que no hay nada que hacer, que todo esta perdido y para que vamos a amargarnos los cuatro días que nos quedan. Por el contrario se requiere es una profunda y masiva toma de conciencia de los peligros reales de los estilos tradicionales de relación establecida entre seres humanos, naturaleza y tecnologías.
Requerimos por lo tanto un profundo cambio de paradigma que nos ayude a descubrir como puede ser un nuevo estilo de relación de los humanos con la naturaleza, interrelación que apunte a la sostenibilidad. A la vez necesitamos romper con ciertos mitos, que han surgido, en parte, producto del actual modelo de sociedad, ciencia y tecnología.
La tecnología que precisamos no es necesariamente y exclusivamente la Gran Tecnología, es decir, la que requiere una gran inversión, sino que es posible contribuir a la solución de los problemas de muchas formas, con trabajos modestos pero ingeniosos y bien orientados. Como muchos de los grandes ingenieros indígenas nos señalan, se hace necesario el rescate y creación de tecnologías alternativas y de bajo impacto ambiental.
Es un mito el creer que las tecnologías más respetuosas del medio resultan más costosas y que, por eso, solo los países desarrollados se las pueden permitir.
El informe de World Resources de 1992-1993, señala que el desarrollo sostenible es un proceso multidimensional, que requiere una evolución simultanea de cuatro dimensiones interrelacionadas: económica, humana, ambiental y tecnológica.
La tasa o ritmo de explotación de los recursos naturales renovables no puede ser mayor que su tasa o ritmo de regeneración. La tasa o ritmo de explotación de recursos naturales no renovables no puede ser mayor que la velocidad de creación de sustitutos renovables de los mismos. La tasa o ritmo de emisión de residuos contaminantes no puede ser mayor que su tasa o ritmo de asimilación por los ecosistemas naturales.
Retomando la hipótesis Pachamama respetar a la tierra significa respetarnos a nosotros mismos. Recordar que sus tiempos son tambien los nuestros ya que formamos parte de ella, esta mas que claro que los tiempos del mercado han traido toda clase de sufrimientos y las afecciones denominadas “Enfermedades del Siglo XXI” tales como el stress, la hipertensión y demas. Las expectativas de vida comienzan a declinar en su ascenso y no es coincidencia que esto vaya de la mano con la devastación de nuestro planeta. Sepamos entonces que otro mundo es posible porque este ya no va mas…
Fuente: Desarrollo Humano y Etica para la Sustentabilidad